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Dos poemas del mar, en este libro, Para el hombre solo en una compañía distribuidora de teillier, badajoz. Helmintiasis y la uem es un poeta real. También galopan en caballos robados Los cuatreros arreando los vacunos. Una sombra va saltando los cercos. Esta fue una mañana campesina: Relinchos, validos, vacas de pródigas ubres, Las ordeñadoras, curvadas con el peso de los baldes.

Jorge Teillier (Despedida)

Es la noche de nuevo. Mi abuelo se levanta Rehecha su manera antigua, Y observa, como ayer, al trigo. Debe andar mi abuelo por los campos recién abiertos Hablando con los pinos, espantando gorriones.


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Y él lo mira. El vino es un joven bonachón y alegre. Sucede que quiere iluminar la noche y baja a las aldeas, envuelto en una manta. La mañana tiene olor a pan amasado. La ropa recién lavada dice "adiós" en los patios. Pero es de noche. Un fantasma penetra en la leñera. Una casa se quiere esconder del cielo. Un campesino mira hacia arriba: Y es la noche. Va a penetrar al pueblo Un jinete nocturno enmascarado.

Alguien me ha dicho en secreto que la primavera vuelve. Tu hermana ya no cree en los duendes. Y no importa que el viento olvide mi nombre y pase dando gritos burlones como un campesino ebrio que vuelve de la feria, porque ella y yo estamos ocultos en la secreta casa de la noche. Las madres cierran todas las puertas y los pescadores furtivos van a repletar sus redes mientras ella y yo nos ocultamos en la secreta casa de la noche.

Autores populares

Los patios se llenan de niebla. El padre lee un cuento de hadas y el hermano muerto escucha tras la puerta. Se apaga en la ventana la bujía que nos señalaba el camino. Palabras claras y tranquilas como el agua del torrente domesticada en la copa o las sillas ordenadas por la madre después que se han ido los invitados. Palabras que la noche acoja como los pantanos a los fuegos fatuos. Para hablar con los muertos hay que saber esperar: Y en el pueblo no tendré nada que hacer, sino echarme luciérnagas a los bolsillos o caminar a orillas de rieles oxidados o sentarme en el roído mostrador de un almacén para hablar con antiguos compañeros de escuela.


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    • No me has contado ninguno de tus secretos. Saldremos en silencio, sin despertar al tiempo. Te diré que podremos ser felices. Sentados frente al fuego que envejece miro su rostro sin decir palabra. Ésta es la misma estación que descubrimos juntos, a pesar de su rostro frente al fuego, y de nuestras sombras movidas por la llamas. Ésta es la misma estación que descubrimos juntos: Sí, ésta es la misma estación que descubrimos juntos: Ella mira el fuego que envejece. Un día u otro todos seremos felices. Yo estaré libre de mi sombra y mi nombre.

      Todos nos reuniremos bajo la solemne y aburrida mirada de personas que nunca han existido, y nos saludaremos sonriendo apenas pues todavía creeremos estar vivos. Daría todo el oro del mundo por sentir de nuevo en mi camisa las frías monedas de la lluvia. Por oír rodar el aro de alambre en que un niño descalzo lleva el sol a un puente. Por ver aparecer caballos y cometas en los sitios vacíos de mi juventud. Por oler otra vez los buenos hijos de la harina que oculta bajo su delantal la mesa. Para gustar la leche del alba que va llenando los pozos olvidados.

      No fue el helado viento quien marchitó las ramas. Quien marchitó las ramas fui yo que les conté mis sueños. Conozco el país dormido donde vuelan en círculo las garzas donde vuelan graznando sin librarse de sus cadenas de plata. Por allí erran un padre y una madre ciegos y sordos a cuanto no sea el graznido de las garzas. Y lo saben también las garzas.

      Quien marchitó las ramas fui yo, que les conté mis sueños. El jardín parroquial no ha perdido su encanto ni el huerto su frescor.

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      Siempre se huele a retamos, siempre se oye el silbido de un tren. Mientras yo le escribo creo que usted mira la casa del ahorcado y sus viejos libros reposan hasta que lleguen a leerlos sus vecinos. Había una vez una muchacha que amaba dormir en el lecho de un río. Para esperarla yo me convertía en la casa de madera de sus antepasados alzada a orillas de un brumoso lago.