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2 Abr. José Mª Sancho en Internet: Mi página de Facebook · Mi portafolio en Behance · Mi Blog en Tumblr Temple barroc consagrat al que va.

Sería tan simple como dar a la tecla de borrar de nuestro teclado y comenzar de otra manera…. Movió sus piernas y sus brazos y comprobó cómo crujía su cuello al girarlo a uno y otro lado. Sus largas y copiosas barbas no habían crecido desde entonces, al igual que la cascada de cabello trenzado que le nacía bajo el casco. Sus ropas estaban intactas pese a la dura batalla en la que había logrado hazañas increíbles, y sus regios brazos asían de nuevo el escudo y la lanza. Avanzó paso al frente y observó.

Pero no le gustó el mundo que tenía ante sí y volvió a introducirse en el inmortal bajorrelieve que se alzaba portentosamente en la pared del museo parisino.

Relatos breves, historias cortas y Madrid

Publicado por Unknown en 6: Publicado por Unknown en 1: Un abrazo a todos y Subiremos el reportaje de la presentación al apartado multimedia cuando el Departamento Audiovisual lo tenga terminado. Esa pasión liberó a la bestia, que tras devorar todas las inhibiciones que lo aprisionaban, lo transportó a un universo propio donde era feliz.


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Sin límites ni barreras se abandonó al placer absoluto, a un disfrute pagano y carnal, a la felicidad extrema exorcizada por religiones y convencionalismos sociales. Como en toda historia de amor desmedido,aparecieron los celos y comenzaron a pudrir la relación. Sospechas, dudas y desvaríos crecieron exponencialmente hasta invadir su raciocinio. La escueta y triste nota que apareció en la prensa local ni siquiera se aproximaba a la realidad. Hablaba del fallecimiento, sin motivos aparentes, de un joven al que la vida le sonreía y que parecía feliz. Mientras caminaba, la noche se iba adueñando de la ciudad.

Las calles se vaciaban de gente y los edificios se iluminaban con una opulencia indecente, contrastando con la oscuridad que ocultaba a los miserables hacinados en los escasos lugares donde la temperatura exterior podía combatirse. Seguía manteniendo aquella rutina que inició cuando él desapareció. Cada quince de noviembre se aproximaba al pequeño parque donde se besaron por primera vez.

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Esa cita nocturna se repitió durante tres años sin que nada la turbara, pero hoy era diferente. Una lona oscura protegía las luces y a las personas de uniforme que rodeaban una fosa recién excavada. Basado en una noticia reciente.


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  4. Ahí estaban de nuevo esos malditos espectros intentando amedrentar al personal y acaparando las portadas de los medios. Todas las mañanas tenía la costumbre de darle una vuelta a sus redes sociales antes de desayunar, como contrapeso a las noticias que luego podría encontrar en la prensa diaria. Un mensaje en Twitter despertó a la vez su curiosidad y su indignación: Aunque sabía en qué día y año estaba, tuvo la tentación de comprobar si el calendario había retrocedido hasta el año 81 del siglo pasado y si los militares seguían siendo aquel grupo de presión capaz de doblegar las decisiones políticas tomadas por los verdaderos representantes del pueblo.


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    Curiosamente algunos firmantes se repetían en manifiestos separados casi cuarenta años. Con el estómago revuelto, recordó episodios concretos de su época en activo durante la Transición. Creía que estas bufonadas ya habían pasado a la historia, incluso tenían ministras de defensa, tanto de derechas como de izquierdas y un exjefe del Estado Mayor de la Defensa que militaba con total naturalidad en uno de los nuevos partidos progresistas, a pesar de los insultos y amenazas de algunos de sus compañeros de armas, que llegaron incluso a proponerle que se suicidara por vergüenza. Haciendo memoria no recordó manifiestos similares de trasnochados fantasmas uniformados exigiendo parar la violencia machista, pidiendo salarios justos, que disminuyera la desigualdad social o contra los desahucios y los fondos buitre.

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    Eso no les atañía. Si en España hubiéramos hecho lo que en Alemania o Italia con los restos de los dictadores mejor nos hubiera ido, pensó mientras se alegraba con un poco de orujo el café para intentar enderezar la mañana. Al fin y al cabo, las personas reales con las que trataba cada día eran lo importante, pero no dejaba de ser una triste paradoja que aquellos que hicieron bandera de la censura y del control de la información, ahora se ampararan en una de las bases de la democracia, como la libertad de prensa, para tratar de socavarla.

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    No olvidaba que en su armario colgaba un uniforme con unas insignias similares a las de esos patéticos personajes. Ya en la calle un pensamiento bastante malvado aterrizó en su mente y le hizo aflorar una sonrisa lobuna. Al fin y al cabo, defienden lo mismo y pertenecen a circos similares. Uno colabora con Caritas, el otro con Cruz Roja, pero eso no es una noticia de portada. Bartolomé Zuzama i Bisquerra. Valladolid, 5 de agosto de María había sido muy amable cuando le propuso que se quedara en casa de sus tíos durante el congreso de escritores.

    La tía Rosa le dio un juego de llaves y, apenas sin conocer la casa, se marchó al congreso. La cena se prolongó y tras ella el fin de fiesta, por lo que regresó muy tarde y especialmente tocado. Entró, cerró con cuidado y buscó el interruptor que debería estar al lado del marco. Como no lo encontró, fue bajando el brazo y la gravedad, sumada a los excesos, hicieron que trastabillara y cayera al suelo, donde se sumió en un profundo sopor. Al despertar, todavía con la mayoría de los sentidos mermados por la resaca, consiguió abrir la puerta y salir. El exterior estaba muy oscuro, por lo que cerró y avanzó con cuidado con la intención de encontrar un interruptor.

    Sus ojos se fueron acostumbrando a la escasa iluminación y percibió una sala enorme, atestada de personas grises y demacradas vestidas con extraños pijamas a rayas. Todos ellos, hombres y mujeres, mayores y niños, estaban comprimidos hasta la extenuación. Ni siquiera podían levantar los brazos para abrazar a sus seres queridos.

    Intentó regresar por donde había venido, pero ya no halló la puerta y la masa humana lo engulló haciendo caso omiso de sus alaridos.

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    Allí quedaron, apuntalados unos contra otros, sin que ninguno de los cuerpos se deslizara hasta el suelo. La pared frente a él estaba surcada de hendiduras verticales a la altura de la cintura. El día había llegado por fin. Cogió su maleta y bajó a esperar al taxi que le llevaría a la estación.

    Siempre le había gustado Gijón. Tenía los ingredientes perfectos para perderse sin prisas: Tras el té, un obligado paseo por la playa de San Lorenzo para abrir el apetito. Esa noche optaría por el pescado.

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    Su estómago no era ya capaz de enfrentarse a un cachopo para cenar, aunque no perdonaría una botellita o dos de sidra para acompañar su elección y ayudarle a dormir. Dejaría el cachopo para un mediodía, con su correspondiente siesta posterior sin prisas, de pijama y orinal como afirmaba Cela. Repasó las notas que había tomado en el viaje. Aunque no era un nativo digital, las nuevas tecnologías no le daban miedo y se valía de ellas. Madrugó y en vez de desayunar en el hotel, optó por darse un paseo hasta Cimadevilla para tomar el café. Estaba nublado, pero todavía no llovía y le sobraba tiempo antes de que comenzase el evento.

    Leyendo la prensa local casi se le va el santo al cielo y llega tarde a la sede del Congreso. Pasó la inauguración oficial y con los políticos se marcho la prensa, los paniaguados y los lameculos profesionales que iban de entendidos en los círculos literarios. Le encantaba escribir, pero tenía que reconocer que el ambiente que rodeaba la literatura pecaba muchas veces de elitismo y fatuidad, especialmente cuando se juntaba con la cultura oficial, la de las fotos, los votos y las vanidades desbordantes. Cuando dijeron por primera vez su nombre no se enteró y siguió mirando hacia el escenario, esperando a que se presentara el premiado.

    Tuvieron que repetirlo para que se enterara de que el premiado era él y que tenía que acercarse. El presidente del jurado le entregó un diploma y le estrechó la mano con fuerza, como si de verdad le agradeciera haber escrito el relato. Sus ojos se empañaron un poco y sonrió mirando al tendido. En Rebeldía Blog de relatos y cuentos cortos. Ir al contenido.